La UVigo explora un sistema para compensar a los viticultores por los beneficios de sus viñas

La Universidad de Vigo explora el diseño de un sistema para compensar a los viticultores por los beneficios ambientales que generan sus viñas. Lo hace en el marco de su participación en el proyecto europeo BIOservicES, una iniciativa que reúne a 22 socios de once países para profundizar en las interconexiones entre la biodiversidad del suelo, entre sus organismos, y las funciones y servicios ecosistémicos en diferentes usos del territorio.
En el marco de BIOservicES, se organizó este mes de julio en el municipio ourensano de Toén un taller centrado en diseñar un modelo de Pago por Servicios Ecosistémicos (PSE) adaptado al contexto gallego. La actividad fue liderada por la Universidad de la Tuscia y contó con el apoyo de la consultora LGI, la Universidad de Vigo y la Fundación Juana de Vega, socios gallegos del proyecto. Buscando respuestas a la pregunta de cómo apoyar económicamente a los viticultores que contribuyen a la conservación del suelo, de la biodiversidad o del paisaje, en la cita participaron viticultores, bodegas, administraciones, personal investigador y otras entidades vinculadas al sector.
Los PSE, se señala desde el proyecto, son instrumentos basados en acuerdos voluntarios mediante los que las personas que gestionan el territorio reciben una compensación por los beneficios ambientales que generan sus prácticas, como la conservación de la biodiversidad, la protección del suelo, la mejora de la calidad del agua o el mantenimiento del paisaje. Los Pagos por Servicios Ecosistémicos ya se están aplicando con éxito en otros países europeos. Así, en Italia, por ejemplo, la empresa alimentaria Barilla desarrolló la Carta del Mulino, que sirvió de base para remunerar a los productores de trigo en función de las prácticas agrícolas que favorecen la biodiversidad y la sostenibilidad. La Universidad de la Tuscia, socia del proyecto BIOservicES que participó en la creación de este modelo en Italia, trabaja ahora en la adaptación de este enfoque a otros sistemas agrícolas europeos, entre ellos la viticultura gallega.
Durante la jornada en Toén se analizaron las oportunidades y los retos para implantar este tipo de mecanismos en Galicia y se identificaron los elementos que debería incorporar un futuro sistema de incentivos para que resulte útil, viable y adaptado a las necesidades del sector. “Una de las principales conclusiones del taller fue que muchos viticultores ya aplican prácticas de gestión sostenible sin recibir un reconocimiento específico por su esfuerzo”, comentan desde la organización. Los participantes, detallan, coincidieron en que avanzar hacia modelos productivos más sostenibles requiere no solo apoyo económico, sino también asesoramiento técnico, estabilidad y herramientas que permitan poner en valor el trabajo desarrollado en el territorio. Entre las ideas más destacadas se señaló que el reconocimiento debe ir más allá de las compensaciones económicas e incluir mecanismos de certificación, visibilidad y sensibilización social. También se puso de manifiesto la necesidad de ofrecer un mejor acceso al asesoramiento técnico, adaptar las medidas a las condiciones locales de cada territorio y diseñar esquemas "sencillos, flexibles y creíbles". Los asistentes coincidieron además en que resulta más práctico supervisar la implantación de las buenas prácticas que medir directamente todos los beneficios ambientales generados.
Un proyecto europeo para poner en valor la biodiversidad del suelo
BIOservicES (Linking soil biodiversity and ecosystem functions and services in different land uses: from the identification of drivers, pressures and climate change resilience to their economic valuation) tiene un presupuesto total de casi 7,4 millones de euros. Arrancó en septiembre de 2023 y está previsto que finalice en agosto de 2028, estando financiado por la Comisión Europea a través del programa Horizonte Europa, además de las agencias de investigación del Reino Unido y Suiza. Está coordinado por la Universidad Politécnica de Cartagena e involucra tanto a socios de universidades y centros de investigación como a empresas y fundaciones, reuniendo una amplia experiencia en agricultura, innovación y comunicación. Por parte de la Universidad de Vigo participa un equipo del Grupo de Investigación Planta, Suelo y Aprovechamiento de Subproductos y del Instituto de Agroecología y Alimentación, encabezado por David Fernández Calviño y Andrés Rodríguez Seijo. La UVigo desempeña un papel destacado en el proyecto, coordinando la línea de investigación dedicada al análisis de la relación entre la biodiversidad del suelo y las funciones y servicios ecosistémicos en las diferentes regiones biogeográficas europeas.
El proyecto trabaja en el desarrollo de nuevos indicadores, herramientas digitales y modelos de evaluación económica que permitan incorporar el valor de los servicios ecosistémicos a la toma de decisiones en agricultura y en la gestión del territorio. En el marco de BIOservicES ya se han analizado más de 770 muestras de suelo procedentes de 25 emplazamientos experimentales distribuidos por cinco regiones biogeográficas europeas (alpina, atlántica, mediterránea, continental y boreal), en las que se estudiaron más de cien indicadores físicos, químicos y biológicos. Además, se desarrollaron experimentos de campo para evaluar cómo el cambio climático puede afectar a la biodiversidad del suelo y a los servicios ecosistémicos que proporciona. Estos experimentos simularon el incremento de temperatura en el suelo y la reducción de precipitaciones, muestreándose 120 suelos de usos seminaturales de cuatro regiones de Europa. En el caso gallego, los usos del suelo escogidos son antiguas zonas de cultivo abandonadas en los años 70 y actualmente reconvertidas en zonas forestales con acacia, pino y roble, en las que se pretende evaluar cómo el cambio climático puede afectar al suelo. “Esto podrá aportar información y conocimiento para prácticas más resilientes y de mitigación del cambio global”, afirma el equipo de la UVigo.